Cría, recría, carnes y granos para salir de la zona de confort

Según Melo, la argentina ganadera se achicó, pero puede recuperarse con un nuevo esquema.

Carlos Petroli

Salir de la zona de confort, “amigar” a la agricultura con la ganadería para reformular el negocio, producir carnes de manera más eficiente (no necesariamente aumentando el stock), potenciar el origen exportador, tomar nota de las normas de bioseguridad internacionales; ser primero buenos productores de pasto (la pata forrajera) para luego poner encima las vacas; mejorar las relaciones entre productores y la industria. En esta enumeración caben varias de las conclusiones que arrojó la Segunda Jornada Córdoba Ganadera, que contó con una importante participación de empresas, productores, proveedores, asesores, funcionarios, referentes de la industria y de la exportación.

Luis Picat, titular de la Sociedad Rural de Jesús María (y empresario volcado en diferentes eslabones de la producción en el norte cordobés) estuvo entre quienes arrojaron el guante: afirmó que no hay excusas para “salir de la comodidad de la agricultura” (inversión con resultados de corto plazo) y arriesgar en proyectos integrados, dejar atrás el miedo a asociarse.

Y aparecieron ejemplos para dar cuenta de que no todos los productores e inversores están en la cómoda. La producción de carne en zona agrícola ha sido uno de los focos originales de Córdoba Ganadera. En esta ocasión le tocó a Richard Resiale mostrar cómo ejecuta con muy buenos números y productividades su modelos de cría, recría y terminación, junto con la producción de granos –asesorado por el Inta– en la zona central de la provincia. “Esta ganadería se está multiplicando en nuestra zona”, relató.

Desde un ambiente más rústico, se escuchó a Mariano Aliaga, quien mostró su experiencia y les hizo saber a los presentes que su planteo de cría en la perilaguna de Mar Chiquita, con suelos sódicos salinos, permitió reconvertir peladares degradados en ambientes mejorados con pasturas, un buen ejemplo para tranquilizar a quienes están preocupados por la cuestión ambiental. Allí logra una carga de 2,2 equivalente vaca y una producción de 70 kilos de carne por hectárea.

En su visión, Oscar “Cachi” Melo fue contundente: la Argentina ganadera se achicó, pero está ante otra oportunidad y tiene que salir con un giro en el “modelo”. Es necesario resetear el sistema, producir más carne por vaca, aumentar la producción por esa vía (sin necesariamente incrementar el stock, por lo menos en una primera etapa) y todo lo que se agregue en volúmenes dirigirlo a la exportación.

Otra clave, según Melo, es apuntar a un único tipo de novillo (no acepta que es “cultural” comer animales más livianos, porque esta opción lleva solo 20 años, de cuando apareció el feedlot, apuntó). Opina que le hace muy mal al productor tener que hacer un novillo de 320 kilos, otro de 380 u otro de 440. Reprocha que se ha “inventado” un sistema que implica gastar más terneros para producir igual cantidad de carne, en lugar de producir más. Como quien comienza a vestirse por el sombrero.