Córdoba y Tucumán, alianza entre maiceros y cañeros

La moción de los gobernadores sobre el cupo de etanol cuenta con apoyo de los productores.

Carlos Petroli

La moción de elevar la participación del etanol de maíz y de caña de azúcar en las naftas (del actual 12 al 15 por ciento), motorizada en conjunto por las provincias de Córdoba y Tucumán, dividió aguas con el Gobierno nacional. Pero la iniciativa de los gobernadores Juan Schiaretti y Juan Manzur viajó hacia el Ministerio de Energía que comanda Juan José Aranguren con el respaldo de las cadenas de valor y la industria regional de biocombustibles. A la que se sumaron alrededor de una mesa en Córdoba legisladores e intendentes donde están radicadas las plantas agroindustriales y la originación de maíz. Lo cierto es que la discusión que se abrió entre las provincias y las áreas técnicas del Gobierno nacional evoluciona con argumentos de diferente calibre: desde la factibilidad en el ritmo de avance en la matriz energética, las adecuaciones de las industrias petrolera y automotriz; los intereses de cada rubro, hasta el marco regulatorio que regirá la oferta y la política de precios en materia de combustibles.

En 2016, el actual Gobierno subió la composición de etanol del 10 al 12 por ciento, y dio una señal que permitió equilibrar la participación de las etanoleras de caña, que pudieron ubicarse en un pie de igualdad de participación con las de maíz (donde Córdoba es el mayor aportante nacional).

Lo que ahora proponen Córdoba y Tucumán es avanzar tres puntos más, lo que, a juicio de los productores, sería factible sin “chocar” con las automotrices o petroleras. Se podría ejecutar de manera inmediata –a la vez que gradual, suponiendo ir por ejemplo al E 13 antes de fin de año–, sin necesidad de introducir cambios en motores o estaciones.

Tal gradualismo daría pie a las industrias, tanto de maíz como de caña, a seguir adelante con sus planes (una planta de etanol de maíz como la de ACABio en Villa María demandó un dólar de inversión por cada litro de capacidad instalada; 150 millones de dólares para 150 millones de litros).

En la cartera de Energía de la Nación se reconoce que está creciendo el parque de vehículos nafteros, lo que justifica sumar volúmenes de etanol, en lugar de invertir en refinerías de petróleo. El flanco ambiental también resulta relevante: el ciclo de producción de bioetanol genera un 63 por ciento menos de gases de efecto invernadero, comparado con el de combustibles fósiles.

Las plantas ya existentes de etanol de maíz permitirían abastecer de inmediato un punto más (pasando del E 12 al E 13) pero, para volúmenes mayores, serán necesarias ampliaciones o nuevas plantas. Según esta industria, en 2018 se podría llegar a una composición E 15.

Qué dice la Nación

Néstor Roulet, secretario de Agregado de Valor del Ministerio de Agroindustria, dijo a Agrovoz que el Gobierno nacional tiene como meta incrementar la participación de los biocombustibles. En el caso del biodiésel, ir al B 20 en gasoil (tractores, máquinas agrícolas autopropulsadas, camiones y transporte de pasajeros). Y, en el caso del etanol, se tendrán que resolver “cuatro o cinco variables”, que incluyen factores técnicos y el marco en el cual competirán los productores de esos combustibles. Roulet admitió que este proceso llevará de dos a tres años, por cuanto se buscará ir a la instalación de motores “flex” (en Brasil y Estados Unidos tienen diferentes configuraciones), lo que demandará un plan de adecuación de la industria automotriz.