El cultivo invernal, como freno para las malezas y aliviador de excesos hídricos

Redacción LAVOZ

La estrategia de incluir en los planteos agrícolas a las gramíneas de invierno gana en aceptación. Ya casi nadie duda de que el trigo o los cultivos de cobertura ayudan a amortiguar el problema de malezas y a utilizar de la mejor manera posible los excesos hídricos.

“Hoy estamos hablando de otros números para el trigo, lo que ayuda a su incorporación dentro de la rotación”, asegura Jorge Fraschina, del Inta Marcos Juárez. El especialista y referente nacional en trigo será uno de los conferencistas, el próximo miércoles, en la primera Jornada Agrovoz del corriente año.

Fraschina compartirá con Enrique Alberione, también técnico del Inta Marcos Juárez, el capítulo dedicado al trigo. 

Alberione, especialista en fitopatología del cereal, se referirá al control integrado de royas (hoja, tallo, estriada), una enfermedad que en la última campaña tuvo mucha incidencia. 

Cantidad y calidad

La necesidad que tiene la industria molinera de procesar trigos de calidad había instalado en los últimos años una disyuntiva entre poner el acento en este atributo, en detrimento de los rendimientos, o de apostar al volumen sacrificando el valor proteico.

“En esta campaña, la molinería está bien abastecida, tanto en calidad como en volumen. Con buen manejo se puede apuntar a trigos de buena calidad con rendimientos muy satisfactorios. Y eso el productor ya lo está asimilando”, reconoce Fraschina.

Según el Gobierno nacional, la cosecha de trigo alcanzó en el país los 18,3 millones de toneladas, lo que significó un aumento del 62 por ciento en cuanto a la producción y 44 por ciento respecto de la superficie sembrada. 

Durante el año pasado, las exportaciones crecieron 138 por ciento. Pasaron de 4,239 millones de toneladas a 10 millones de toneladas.

Más allá de los criterios cuantitativos y cualitativos que se tengan para el cultivo, Fraschina asegura que la discusión central con el trigo debe pasar por su revalorización dentro de la rotación, en una secuencia con la soja y el maíz y su protagonismo en la disponibilidad de nitrógeno.

La sanidad del cultivo invernal quedó expuesta en esta campaña, debido a la incidencia que mostró la roya. La susceptibilidad de los materiales está obligando a los semilleros a trabajar en variedades resistentes, a los fines de mantener a raya a la enfermedad. 

Durante la última campaña, el Inta alertó recientemente sobre la aparición de roya amarilla del trigo con diferentes niveles de intensidad en Entre Ríos, Santa Fe, Córdoba y el norte y sudoeste de la provincia de Buenos Aires.

Según el Inta, la roya del trigo comparte muchas características con la roya de la hoja (Puccinia triticina), pero requiere temperaturas más bajas para producir infección y la temperatura óptima va de nueve a 13 º C. 

El período de mojado de hoja o rocío, necesario para el proceso de infección, no debe ser menor a las seis horas. Es una enfermedad policíclica, con una duración del ciclo de aproximadamente 10 días (infección secundaria).