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Un sistema que apunta a expresar todo el potencial de la genética

Riego por goteo. 

Redacción Agrovoz

Desde hace tres campañas, Miguel Calderón ya no alquila más campos. El valor de los arrendamientos y la falta de rentabilidad que perfila el sistema de alquileres agrícolas lo hizo desistir de la estrategia que mantuvo durante años.

Focalizado en su establecimiento ubicado en la zona de Chalacea (departamento Río Primero), el productor apuesta por un modelo de intensificación agrícola. El camino elegido fue la incorporación de riego suplementario. Su objetivo es subir los techos productivos que ofrecen la soja y el maíz en secano.

“Hoy la potencialidad productiva de la genética de maíz no tiene límite y en la soja podemos ir hasta los 100 quintales por hectárea”, afirmó Calderón, como parte de los fundamentos para justificar su determinación.

Con una inversión que ronda los cuatro mil dólares por hectárea, la apuesta del productor del norte de Córdoba es poder amortizar el equipo de riego en cinco campañas agrícolas.

“El primer módulo va a ser el más caro. Ya cuando incorporemos los demás sitios, parte de la inversión va a estar absorbida”, sostuvo Calderón.

En un esquema agrícola que incluye a la soja y al maíz en partes iguales, el salto productivo que le proporcionará el riego al establecimiento es significativo. Solo en las 125 hectáreas actuales, las 62,5 hectáreas con maíz pueden aportar hasta cinco quintales más por hectárea; mientras que la misma proporción de soja aportaría un volumen adicional de tres toneladas por hectárea. En secano, el promedio histórico de la oleaginosa en el establecimiento es de 32 quintales. 

En total, la intensificación redundaría en un volumen extra de 500 toneladas más de granos gruesos. 

“Si apuntamos a una soja con una retención de 15 por ciento, con un valor de 350 dólares la tonelada, un aumento de tres toneladas por hectárea aportaría un valor bruto adicional de más de mil dólares por hectárea”, dimensionó Calderón.

A esos números productivos habría que sumarle el aporte del trigo que, con el sistema ajustado, podría aportar hasta 60 quintales por hectárea.

A largo plazo, y cuando El Roble concrete su proyecto de tener las 500 hectáreas bajo riego, la producción adicional respecto del secano será de 1.250 toneladas de maíz y 750 más de soja. 

A futuro, el proceso de intensificación diseñado por Calderón tiene varios contenidos en carpeta. La inclusión de otros cultivos, como la alfalfa para exportación, es parte de esa evaluación.