Manejo subterráneo

El trigo y el maíz demostraron en la última campaña su potencial en planteos con riego por goteo. Los resultados obtenidos en los módulos del Inta Manfredi convalidan el uso del sistema en cultivos extensivos.

Alejandro Rollán

Q uienes hacen agricultura en el centro norte de Córdoba saben que el trigo es el cultivo que más tiene que lidiar con la falta de agua durante su desarrollo. Justamente, por esa limitante, el cereal de invierno es el componente de la rotación agrícola que más respuesta ofrece al aporte de agua complementaria.

En el corazón de esta región de la provincia, el Inta Manfredi viene trabajando desde hace 20 años en el desempeño del riego por aspersión en planteos de siembra directa.

Luego de acumular 16 campañas en la validación de los resultados en el módulo de riego con pivot, el equipo de especialistas de la experimental dio un paso más en la búsqueda de nuevas tecnologías: la incorporación del riego por goteo en cultivos extensivos.

Con pocos antecedentes a nivel mundial sobre el uso de este sistema en siembra directa, el módulo de riego subterráneo ya lleva cuatro campañas de resultados productivos.

Mientras la soja espera por estos días la cosecha en el lote con riego, el trigo y el maíz ya tienen los resultados 2016/17.

Sus desempeños fueron los mejores de las cuatro cosechas. El trigo alcanzó un rendimiento de 62,14 quintales por hectárea. Si no se tiene en cuenta a la primera campaña (2013/14), cuando una helada tardía afectó a los cultivos, el promedio del cereal en los últimos tres ciclos es de 53,48 quintales por hectárea, de acuerdo con los números aportados por Ignacio Severina, integrante del equipo de riego y jefe del grupo de manejo de cultivos y recursos naturales del Inta Manfredi.

El maíz también tuvo una explosión. Su rendimiento máximo a cosecha fue de 170,01 quintales, más del doble que en secano.

“No hay grandes diferencias con los rendimiento obtenidos en el módulo de riego por pivot, con la salvedad de que en el riego por goteo recién llevamos cuatro campañas. En el sistema por goteo en cultivos extensivos aún hay mucho por desarrollar e investigar”, señaló a Agrovoz Aquiles Salinas, coordinador de Proyecto Riego en la experimental.

Técnicos del Inta participaron esta semana en Manfredi de un taller junto con representantes de las empresas Netafim y Rivulis, proveedoras de estos sistemas de irrigación por goteo que funcionan en la experimental, en el cual analizaron los resultados obtenidos y avanzaron en la diagramación de estrategias para el futuro.

Subterráneo

A partir de una articulación público-privada, el modelo de riego subterráneo en Manfredi arrancó en julio de 2012. El primer paso lo dio el Inta con la empresa proveedora de la tecnología Netafim, a la que se sumó en enero de 2013 la compañía Rivulis.

Con fines experimentales y demostrativos, los técnicos conducen dos módulos de riego por goteo subterráneo que ambos dan agua una superficie de 12 hectáreas. 

El agua es suministrada por una perforación que posee dos electro bombas sumergibles con un caudal de 25 mil litros por hora cada una. Se distribuye por cañerías de PVC, que se acoplan a los laterales de riego (enterrados entre 25 y 35 centímetros de profundidad), encargados de diseminar el agua en el campo.

Los módulos incluyen una rotación de tres cultivos en dos años: trigo/soja de segunda, maíz de primera. A partir de la combinación entre diferentes distanciamientos entre laterales de riego (a 80 centímetros, un metro, 1,05 metros y 1,6 metros) y de caudales de emisión de agua (0,6 litro y un litro hora) ambos módulos tienen cuatro manejos: el primero, con una distancia de 80 centímetros entre mangueras y un caudal de 0,6; el segundo, con una distancia de un metro y el mismo caudal; el tercer manejo, con un distanciamiento de 1,05 metros y un caudal de un litro por hora; y el cuarto, con una distancia de 1,6 metros y un caudal de un litro por hora.

Respuestas

Hasta el momento, los resultados obtenidos por el grupo de riego –integrado por Aquiles Salinas, Ignacio Severina, Juan Pablo Giubergia, Matías Boccardo y Federico Aimar (becario)– muestran claramente dos patrones de respuestas al riego por goteo. 

El primero, sobre la soja y el maíz cuya permanencia en el lote se da en el momento cuando las precipitaciones aportan la mayor proporción del agua consumida por los cultivos. 

El segundo patrón está a cargo del trigo, cuya evolución se da en una época cuando las precipitaciones son escasas y el aporte del riego es más significativo. El trigo fue el cultivo que presentó diferencias entre las distintas alternativas de manejo y además diferencias entre la condición de riego en comparación con el secano.

Sembrado en junio pasado y con 164 milímetros de agua de lluvia recibidos durante su desarrollo, el trigo bajo goteo también tuvo los beneficios de la fertilización. A través del riego recibió 200 kilos de urea repartidos a la siembra y en macollaje. Para determinar la dosis se tiene en cuenta el análisis de suelo, previo a la siembra, los rendimientos esperados en función de los potenciales del área y los requerimientos totales del cultivo y los parciales, según el estado fenológico.

El paso de la cosechadora en la última campaña triguera mostró en los cuatro manejos de los módulos resultados superiores al ciclo anterior. El manejo tres, con un distanciamiento entre laterales de riego de 1,05 metros y un caudal de un litro por hora, obtuvo los mejores resultados: 62,14 quintales por hectárea. 

También por encima del umbral de los 60 quintales estuvo el manejo uno (60,52 quintales) y el dos (60,07 quintales). 

El manejo cuatro, con la distancia entre los laterales de 1,60 metros, aportó un rendimiento de 50,17 quintales por hectárea. Todos muy por encima del trigo en secano, que rindió 19 quintales por hectárea.

El potencial del maíz

Sembrado el 10 de octubre y con 412 milímetros de lluvias aportados durante su ciclo, el maíz recibió en promedio en los cuatro manejos 166,5 milímetros de agua de riego. 

La fertilización incluyó dos estrategias diferentes: el manejo dos con 228 kilos por hectárea de nitrógeno, 104 de fósforo, 35 de potasio, 24 de azufre, además del aporte de zinc (0,04 kilos por hectárea) y magnesio (dos kilos). Mientras que los manejos uno, tres y cuatro solo recibieron 200 kilos de nitrógeno.

Bajo esas condiciones, el mayor rendimiento se observó en el manejo dos, que había recibido una fertilización más ajustada. El rendimiento trepó hasta 170,19 quintales por hectárea. 

El dato para destacar es que en los tres manejos restantes, el piso de rendimiento de la producción fue de 164 quintales por hectárea. ¿En secano? El maíz rindió menos de la mitad: 81 quintales.

¿Cómo se toma la decisión de regar? El momento se decide a partir del balance hídrico en cada cultivo. En ambos módulos, los momentos de riego se deciden en función de un balance hídrico, que tiene en cuenta la reserva de agua útil en el suelo; la demanda por evapotranspiración; las necesidades del cultivo según el clima; estado fenológico y las lluvias efectivas.