Con menos superficie, la soja apuesta a la tecnología

Nuevos germoplasmas, fechas de siembra, fertilización, densidades, entre las estrategias para superar limitantes y achicar brechas. Inscribite a la jornada Soja con Sustentabilidad.

Favio Ré

El Ministerio de Agroindustria de la Nación pronosticó hace dos semanas una cosecha de soja que finalizó en torno de 55 millones de toneladas, casi cuatro millones menos que las obtenidas en la campaña 2015/16, producto una menor área sembrada y fuertes pérdidas en las zonas afectadas por excesos hídricos.

Y las perspectivas para la próxima campaña son que la superficie, como máximo, se mantenga: en el marco del 25º Congreso Anual de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid), el presidente de la Asociación de la Cadena de la Soja (Acsoja), Rodolfo Rossi, reconoció ante Agrovoz que lo más probable es que el área vuelva a reducirse para cederle más espacio al maíz, algo en lo que coincidió el presidente de Monsanto Argentina, Juan Farinati.

¿Cómo hará entonces el “oro verde” para volver a orillar el horizonte de las 60 millones de toneladas? El camino es mejorar los rendimientos por hectárea y, bajo esa premisa, el Congreso “Kairós” tuvo un plenario titulado “Desafíos tecnológicos del cultivo de soja, región a región”, con datos y recomendaciones de factores a tener en cuenta para superar limitantes y achicar las brechas de rendimiento.

Más datos sobre las mejores estrategias para el cultivo estarán sobre la mesa el próximo miércoles, en la 14° Jornada Soja con Sustentabilidad organizada por Agrovoz y Agroverdad.

Casos

Gustavo Duarte es un ingeniero agrónomo asociado a Aapresid, que trabaja en el centro-norte de la provincia de Buenos Aires. Según su mirada, “las mayores reducciones de brechas se logran optimizando variables simples”. Por eso, sugirió que el mejor trabajo que puede hacer un productor y su asesor es “armar un tablero o protocolo de trabajo, en el que ordenen cuáles son los factores que más influyen en los rindes y, a partir de allí, tomar decisiones”.

Duarte citó como ejemplo los numerosos estudios realizados para medir el impacto del distanciamiento de hileras o densidad de siembra y que, según sus ensayos, no son tan relevantes para lograr achicar las brechas. Lo que sí muestran ensayos en la zona de Pehuajó es que, con un maíz como antecesor, se pueden incrementar los rindes en 375 kilos por hectárea; con uso de herbicidas residuales, 230 kilos más; ajustando la fecha de siembra, se ganan hasta 436 kilos. “La fecha de siembra es el factor más potente en el achicamiento de las brechas: cada día de retraso son 25 kilos perdidos”, puntualizó.

Según Duarte, en esa zona de Buenos Aires, el rinde potencial es de 60 quintales por hectárea, y en la actualidad oscila entre 30 y 50 quintales. “El gran desafío es identificar qué factores reductores intervienen y corregirlos”, insistió.

En esta línea, agregó que hay que estar atentos a los lanzamientos de los semilleros, ya que los nuevos germoplasmas están dando respuesta, con ganancias de entre 100 y 120 kilos por hectárea; y que “hay que dejar de pensar en que la soja no necesita ser nutrida”. Ya se están utilizando fertilizaciones con fósforo y no hay que descartar a futuro sumar nitrógeno.

El sur también existe

Varios kilómetros al sur trabaja Esteban Bilbao, de la regional Necochea de Aapresid. Relató cómo la soja va de a poco ganando espacio en una región con condiciones climáticas cercanas a las de la Patagonia y absolutamente diversificada: la soja sólo ocupa el 26 por ciento de la superficie, una proporción similar a la de cebada y maíz; el resto, se reparte entre trigo y girasol.

“Lo que más nos limita es la disponibilidad de agua y el frío”, indicó Bilbao. Se decidieron estrategias distintas en función de las aptitudes de los suelos de cada zona. En los peores sitios, grupos III largos o V cortos, con fecha de siembra entre el 15 y 30 de noviembre; densidad de 200 mil a 250 mil plantas por hectárea; y distancia entre surcos de entre 20 y 42 centímetros. En lotes de alto potencial, grupos II o IV largos, siembras entre el 25 de octubre y 15 de noviembre, con 300 a 350 mil plantas por hectárea, y entre 35 a 42 centímetros entre surcos.

De todos modos, coincidió con Duarte: “Una característica en el sur de Buenos Aires es que las brechas no son tan altas: tenemos un rinde promedio de 22 quintales, con un techo de 28 en lotes de alto potencial. La distancia entre hileras, por ejemplo, no reduce mucho esta diferencia, las limitantes son otras”.

En cuanto a fertilización, también utilizan fósforo y están comenzando a probar formulaciones mezcladas con azufre. También se incrementó la aplicación de fungicidas, sobre todo contra el hongo Cercospora kikuchii , que “no lo estamos pudiendo manejar correctamente”. Para Bilbao, “lo más importante, en todas las variables, es el monitoreo”. Las malezas comienzan también a ser un problema de difícil atención: ya tienen presencia de Amaranthus hybridus y palmeri .

Norte productivo

Del otro lado del país, otra zona en la que la soja no para de ganar terreno es en el Chaco santiagueño. Luis Robles Terán, técnico de esa región, también presentó claves para el manejo del cultivo en la región.

“El secreto está en la construcción de ambientes y es fundamental la cobertura previa: sorgo y maíz cumplen un gran servicio”, explicó Terán. Un dato relevante es que, por las condiciones climáticas, no es una región apta para cultivos invernales, lo que obliga a estrategias de monitoreo y seguimiento muy precisas para poder mantener los lotes en barbecho y limpios de abril a enero.

Una forma de lograrlo: el uso de pulverizadoras con sistema de aplicación selectiva de malezas. “Cuanto mejor manejamos las malezas, más kilos producimos e invertimos menos dólares”, subrayó.

Allí, las variedades más elegidas son grupos V o VI con tecnología Intacta que, asegura, “tiene un plus de rendimiento sobre las sojas RR1, sobre todo en años secos”. Además, también consideró que la fecha de siembra es un factor clave para lograr los mejores resultados. “Pudimos comprobar que es preferible atrasarla, centrándola entre el 20 de diciembre y el 5 de enero; y no en la primera quincena de diciembre como era lo usual”, mencionó.