El relato "ambientalista", en la defensa del bosque nativo

A partir de los últimos incendios registrados en el arconoroeste de la provincia, el profesor universitario Horacio Valdez expone su punto de vista.

Horacio Valdez (*)

Se hacen marchas urbanas, desde la avenida Colón y La Cañada hasta avenida General Paz e Arturo Illia, en la ciudad de Córdoba.Luego salen la emblemática Doña Jovita o el cantante Rally Barrionuevo con su guitarrita y hacen apología de la defensa del bosque nativo; más tarde, un grupo de biólogos y ecologistas sale por televisión con motosierras picos y pala eliminando leñosas y gramíneas exóticas de la rivera del rio en Cuesta Blanca.Y posteriormente pobladores y lugareños sacan manualmente el pasto llorón para permitir el crecimiento de los inobjetables ejemplares de molles y talas.

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También suenan voces de algunos funcionarios de la Secretaria de Ambiente que predican la defensa y mantenimiento de los fachinales, con el sublime objetivo de mantener la biodiversidad de flora y fauna. Para que la puedan ver y disfrutar las generaciones presentes y futuras, con el objetivo de controlar y vigilar celosamente diferentes ecosistemas naturales del norte cordobés.

En un artículo del diario La Voz del Interior, del 11 de diciembre de 2016 con el título “Preocupa el uso de químico para desmontar”, la Policía Ambiental ya detectó unas 400 hectáreas desforestadas ilegalmente con herbicidas que solo matan arbustos.En el mismo artículo, ONG ambientalistas y ecólogos criticaron el proyecto de ley provincial de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos,porque no incluyen los matorrales que brindan servicios ambientales esenciales como la regulación hídrica y tienen el potencial de convertirse en bosques.

Lejos de la realidad

Pero, casualmente, ninguno de estos personajes y/o actores se pudo ver o encontrar los días 27, 28 y 29 de julio, en los incendios ocurridos simultáneamente en dos sectores diferentes del norte de la provincia. Uno de ellos, a cinco kilómetros al este de la localidad de Deán Funes, por el camino hacia Villa Tulumba. El segundo foco fue al sudoeste de San Francisco del Chañar. 

En el primer incendio, el saldo fue la quema de cientos de hectáreas  pastizales pertenecientes al ambiente del Chaco Serrano, el cual demando tres días de intenso trabajo por parte de dotaciones de bomberos  y aviones hidrantes de la provincia de Córdoba

En San Francisco del Chañar, mientras tanto, el siniestro tuvo su origen en el basural de dicha localidad y luego impulsado por el viento norte ingresa al establecimiento Cañada Larga.

Pero a diferencia de lo ocurrido en el primer caso, en el establecimiento el fuego fue controlado por su propietario y la colaboración de dos empleados . ¿El saldo? 400 hectáreas quemadas de pastizal, hectáreas que iban a ser utilizadas a modo de reservas forrajeras para la última etapa del invierno. 

Diferencias de manejo

¿Cuál fue la diferencia entre ambos casos? En San Francisco del Chañar, el desarrollo del siniestro en ningún momento se hizo presente alguno de estos movimientos "Salvemos el monte". Pero sí lo pudieron hacer previamente; primero, observando desde el aire por la Policía Ambiental y posteriormente por actuaciones labradas en el terreno por la misma repartición, que terminan generando una multa por la confección de cortafuegos y picadas internas.

Justamente, esas picadas internas de 40 metros de ancho –y no de tres o cuatro metros como lo determina la ley– permitieron en primer lugar transitar y desplazarse con cierta tranquilidad y seguridad al personal, tanto en las tareas de combate del fuego como en la guardia de cenizas. También, gracias a su tamaño, fue posible evacuar rápidamente toda la hacienda, cosa que hubiera sido imposible con las picadas que prevé la ley.

A partir de este escenario, el establecimiento mantiene dos relaciones con el Estado. Por un lado, un problema legal con la Secretaria de Ambiente por haber hecho picadas y cortafuegos para hacer un manejo eficiente y conservacionista del recurso. ¿La otra relación?: permitirle ahorrarle a la Provincia una importante cantidad de dinero al no tener que mover la logística necesaria en bomberos e hidrantes para sofocar el siniestro. Además de prevenir un desastre ambiental de consecuencia mayor, sin contar el riesgo que corre el personal involucrado directa o indirectamente en este tipo de eventos.

Las mismas consecuencias

Cuando comparamos con el desastre de Deán Funes, donde la gente acató el reglamento de Ambiente y no hubo más remedio que observar atónitos como las llamas se consumían pastizales, arbustos y árboles –todos componentes del bosque nativo que tanto defienden los ambientalistas–, pareciera ser que los efectos son distintos.

Fue necesario el trabajo de 50 bomberos, lugareños, y el permanente apoyo de los hidrantes de la Provincia. ¿El resultado? 1.800 hectáreas quemadas de las cuales 1100 hectáreas corresponden a pastizales del Chaco Serrano. ¿Las secuelas ambientales? Varias: perdidas de vegetación del Chaco Serrano, pérdidas de suelo y de servicios ambientales, de la flora y de la fauna. Además de la disminución de la capacidad de cosecha de agua por parte del suelo.

¿Y lo social?

Ante estas situaciones, el hilo se corta por lo más delgado y los perjudicados son los pequeños y medianos productores que, al perder infraestructuras y recursos forrajeros, quedan fuera del sistema productivo.Si bien existe la posibilidad de que la Provincia los pueda asistir con alimentación de emergencia para el ganado, el problema mayor es la reconstrucción de la infraestructura, fundamentalmente alambrados, que demandan erogaciones millonarias. Y la pregunta es: ¿de dónde va a salir ese dinero?

Advertencia, por lo que viene

A juzgar por los pronósticos, el clima ya dejará de ser un aliado. A diferencia de los dos inviernos anteriores, el actual es un típico invierno cordobés, seco y frío, lo que incrementa las posibilidades de incendio. Como lo que ya ocurrió en julio y que puede volver a ocurrir en agosto y septiembre, en días con altas temperaturas y baja humedad ambiente.

(*) Ingeniero agrónomo, profesor adjunto de la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC)